«Tengo un video tuyo haciendo guarrerías: págame 850 dólares en bitcoins para no difundirlo»

Nada, que no hay manera. Día sí y día también los cibermalos procuran hacernos caer (a mí, a personas de mi entorno, pero también a todo el mundo mundial) en estafas o cibertimos más o menos logrados gracias a la ingeniería social). El último alarde de estas “mentes peligrosas” consiste en un mail enviado desde la propia dirección de alguien de mi círculo cercano.

Desde la cuenta propia de correo

Se trata de la técnica del email spoofing, que consiste en cambiar la dirección del remitente del correo electrónico con el objetivo de que parezca real. El atacante modifica la dirección del receptor, y para ello puede suplantar la propia dirección de la víctima. Es la manera que tiene de demostrar que controla la cuenta.

Con cierto desparpajo, este malote (o malotes) del ciberespacio decide explicar con tono de docente cómo ha realizado la operación. Para su mejor comprensión, he decidido poner las tildes que el ciberpirata ha omitido, así como reordenar la puntuación. Una de las señales del intento de ciberestafa suele ser la errática sintaxis y las patadas a la gramática: “Por si no sabe cómo funciona, voy a explicárselo. Con la ayuda de este software, tengo total acceso a una PC o a cualquier otro dispositivo. Eso significa que puedo verle siempre que quiera frente a la pantalla, con solo encender la cámara y el micrófono sin que usted se dé cuenta. Además, también tengo acceso a su lista de contactos, mensajes de WhatsApp y a todos sus correos electrónicos”. Esta “clase magistral” sigue los patrones habituales de la práctica de spoofing. Ni originales han sido.

El sexo como extorsión

Se anticipa incluso el ciberdelincuente (lo siento, pero no parece presunto) a lo que pueda razonar el asaltado. “Pero mi equipo tiene un antivirus activo, ¿cómo fue posible? ¿Por qué no he recibido ningún aviso?”, subraya. “La respuesta ―aclara― es simple: mi software utiliza controladores propios, lo que me permite actualizar su actividad cada dos horas y de esta manera no sea detectado, y por ende su antivirus se mantiene inactivo”.

El pescador de incautos señala que está en posesión de un video con imágenes íntimas durante el visionado de contenido pornográfico. Intento de extorsión de manual: “¿En qué puede perjudicarle esto? Con una sola pulsación de ratón, puedo enviar el video a todas sus redes sociales y contactos de correo electrónico. También puedo compartir todos sus mensajes de correo electrónico así como sus conversaciones de Messenger y de WhatsApp”.

El precio del rescate

Por 850 dólares el cibermalo asegura que se puede evitar el escarnio público. Eso sí, la transferencia ha de ser en bitcoins. Se permite intuir cierto desconocimiento de la víctima en el proceso y recomienda “abrir el navegador y simplemente buscar: comprar bit.coins”. La obtención de ese dinero no es la meta: pretende hacerse con datos que le faciliten un botín mayor.

Para terminar de convencer a su presa, indica que una vez que reciba el aviso de que efectuó el pago, borrará el video de inmediato, “y se acabó, no volverá nunca a saber de mí”, detalla.

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