Historiales médicos, diagnósticos, datos biométricos… a lo largo de la vida, reunimos una enorme cantidad de información sanitaria sobre nuestra persona. Datos que, como es lógico, permanecen asociados durante toda la vida.
El crecimiento de la digitalización en hospitales, clínicas y aseguradoras ha multiplicado, cómo no, la superficie de ataque.
Los delincuentes han perfeccionado sus métodos para obtener beneficios mediante el robo, la venta y la extorsión con información extremadamente sensible.
El ransomware concentra más de un tercio de la actividad criminal
El último análisis elaborado por TrendAI pone de manifiesto que el ransomware representa ya el 36,3% de toda la actividad detectada en los mercados clandestinos relacionados con el sector sanitario.
Ya no se trata únicamente de cifrar servidores para exigir un rescate económico. Ahora los atacantes también extraen grandes cantidades de datos antes de bloquear los sistemas y utilizan esa información como elemento de presión.
Los delincuentes amenazan con publicar o comercializar los archivos robados si la organización afectada decide no pagar.
Esta estrategia de doble extorsión incrementa considerablemente el impacto económico, reputacional y legal para hospitales, laboratorios y proveedores sanitarios.
«A diferencia de una tarjeta de crédito, los diagnósticos, el historial de tratamiento o los datos biométricos de un paciente no pueden cancelarse y volver a emitirse, lo que hace que las organizaciones sanitarias resulten especialmente atractivas para los grupos de ransomware y los intermediarios de datos», explica José de la Cruz, director técnico de TrendAI Iberia.
Un negocio clandestino perfectamente organizado
El estudio describe una estructura criminal que funciona como una auténtica cadena de suministro.
En un primer nivel aparecen los denominados intermediarios de acceso inicial, especializados en localizar vulnerabilidades y vender puertas de entrada a redes corporativas.
Posteriormente intervienen los grupos de ransomware, que aprovechan esos accesos para infiltrarse, extraer documentación y cifrar los sistemas afectados.
Finalmente, plataformas especializadas comercializan historiales médicos, credenciales de acceso, datos de aseguradoras o paquetes completos de identidad, conocidos en el entorno criminal como «fullz».
Esta especialización permite que cada organización delictiva se concentre en una parte concreta del proceso, aumentando la eficiencia y la rentabilidad de los ataques.
Los historiales médicos tienen un valor excepcional
La documentación clínica reúne algunos de los conjuntos de información personal más completos que existen.
En un mismo expediente pueden encontrarse datos identificativos, documentación oficial, pólizas de seguro, diagnósticos, tratamientos, antecedentes médicos, información sobre salud mental, consumo de sustancias e incluso pruebas de imagen.
Esa enorme cantidad de información facilita diferentes modalidades de fraude de manera simultánea.
Los ciberdelincuentes pueden utilizarla para cometer robos de identidad, presentar reclamaciones fraudulentas a aseguradoras, falsificar recetas médicas o hacerse pasar por otra persona para acceder a tratamientos sanitarios.
Además, determinados diagnósticos o información especialmente delicada pueden convertirse en herramientas de extorsión dirigidas directamente contra las víctimas.
Un solo ataque puede afectar a cientos de organizaciones
Otra de las tendencias detectadas es el creciente interés por los proveedores de historias clínicas electrónicas y registros médicos digitales.
Cuando uno de estos servicios es comprometido, la brecha puede propagarse a numerosos centros sanitarios que utilizan la misma plataforma tecnológica.
Este efecto multiplicador convierte a estos proveedores en objetivos prioritarios para los grupos criminales, ya que una única intrusión puede ofrecer acceso indirecto a cientos de hospitales, clínicas o consultas médicas.
Llegados a este punto, ¿qué hacer? ¿cómo proteger dicha información? No queda otra: aplicar una gestión continua de vulnerabilidades, segmentar las redes, implantar autenticación multifactor y disponer de planes de respuesta ante incidentes que permitan contener rápidamente un ataque.
Historiales médicos, diagnósticos, datos biométricos… a lo largo de la vida, reunimos una enorme cantidad de información sanitaria sobre nuestra persona. Datos que, como es lógico, permanecen asociados durante toda la vida.
Y es precisamente esa permanencia la que ha elevado su valor dentro de los mercados ilegales donde operan grupos especializados en ransomware, intermediarios de acceso y redes dedicadas al fraude digital.
El crecimiento de la digitalización en hospitales, clínicas y aseguradoras ha multiplicado, cómo no, la superficie de ataque.
Los delincuentes han perfeccionado sus métodos para obtener beneficios mediante el robo, la venta y la extorsión con información extremadamente sensible.
El ransomware concentra más de un tercio de la actividad criminal
El último análisis elaborado por TrendAI pone de manifiesto que el ransomware representa ya el 36,3% de toda la actividad detectada en los mercados clandestinos relacionados con el sector sanitario.
Ya no se trata únicamente de cifrar servidores para exigir un rescate económico. Ahora los atacantes también extraen grandes cantidades de datos antes de bloquear los sistemas y utilizan esa información como elemento de presión.
Los delincuentes amenazan con publicar o comercializar los archivos robados si la organización afectada decide no pagar.
Esta estrategia de doble extorsión incrementa considerablemente el impacto económico, reputacional y legal para hospitales, laboratorios y proveedores sanitarios.
«A diferencia de una tarjeta de crédito, los diagnósticos, el historial de tratamiento o los datos biométricos de un paciente no pueden cancelarse y volver a emitirse, lo que hace que las organizaciones sanitarias resulten especialmente atractivas para los grupos de ransomware y los intermediarios de datos», explica José de la Cruz, director técnico de TrendAI Iberia.
Un negocio clandestino perfectamente organizado
El estudio describe una estructura criminal que funciona como una auténtica cadena de suministro.
En un primer nivel aparecen los denominados intermediarios de acceso inicial, especializados en localizar vulnerabilidades y vender puertas de entrada a redes corporativas.
Posteriormente intervienen los grupos de ransomware, que aprovechan esos accesos para infiltrarse, extraer documentación y cifrar los sistemas afectados.
Finalmente, plataformas especializadas comercializan historiales médicos, credenciales de acceso, datos de aseguradoras o paquetes completos de identidad, conocidos en el entorno criminal como «fullz».
Esta especialización permite que cada organización delictiva se concentre en una parte concreta del proceso, aumentando la eficiencia y la rentabilidad de los ataques.
Los historiales médicos tienen un valor excepcional
La documentación clínica reúne algunos de los conjuntos de información personal más completos que existen.
En un mismo expediente pueden encontrarse datos identificativos, documentación oficial, pólizas de seguro, diagnósticos, tratamientos, antecedentes médicos, información sobre salud mental, consumo de sustancias e incluso pruebas de imagen.
Esa enorme cantidad de información facilita diferentes modalidades de fraude de manera simultánea.
Los ciberdelincuentes pueden utilizarla para cometer robos de identidad, presentar reclamaciones fraudulentas a aseguradoras, falsificar recetas médicas o hacerse pasar por otra persona para acceder a tratamientos sanitarios.
Además, determinados diagnósticos o información especialmente delicada pueden convertirse en herramientas de extorsión dirigidas directamente contra las víctimas.
Un solo ataque puede afectar a cientos de organizaciones
Otra de las tendencias detectadas es el creciente interés por los proveedores de historias clínicas electrónicas y registros médicos digitales.
Cuando uno de estos servicios es comprometido, la brecha puede propagarse a numerosos centros sanitarios que utilizan la misma plataforma tecnológica.
Este efecto multiplicador convierte a estos proveedores en objetivos prioritarios para los grupos criminales, ya que una única intrusión puede ofrecer acceso indirecto a cientos de hospitales, clínicas o consultas médicas.