Muchos adultos siguen utilizando contraseñas que crearon cuando eran jóvenes
Algunas de las contraseñas que utilizamos fueron creadas durante la adolescencia e incluso en la infancia y ojo, que continuamos utilizándolas aún hoy en día para acceder a servicios digitales importantes.
El estudio también identifica diferencias importantes entre generaciones y demuestra que los usuarios más jóvenes no siempre mantienen mejores hábitos de seguridad.
El 6% de los usuarios nunca ha cambiado su contraseña más antigua
La investigación, desarrollada en España, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Francia, Alemania e Italia, analiza cuánto tiempo llevan los usuarios utilizando sus contraseñas.
Los resultados muestran que el 54% de los participantes modificó su contraseña más antigua durante el último año.
Otro 15% lo hizo en los tres años anteriores, mientras que el 8% reconoce haberla actualizado hace entre tres y cinco años.
Sin embargo, el 4% conserva credenciales que no cambia desde hace entre cinco y diez años. A este porcentaje se suma un 3% que utiliza contraseñas con más de una década de antigüedad.
Además, aproximadamente el 6% de los encuestados admite que nunca ha cambiado su contraseña más antigua.
España destaca frente a Estados Unidos y Alemania
El comportamiento de los usuarios varía considerablemente según el país. Italia presenta los mejores resultados en actualización reciente de credenciales.
El 65% de los participantes italianos modificó su contraseña más antigua durante el último año. Además, únicamente el 1% mantiene claves sin cambiar desde hace más de una década y el 4% asegura no haberlas actualizado nunca.
Alemania registra el porcentaje más bajo de renovaciones recientes, con un 47%. Entre sus usuarios, el 3% conserva contraseñas con más de diez años y el 6% nunca ha modificado su clave más antigua.
Estados Unidos destaca por otro indicador: el 14% de los encuestados no recuerda cuándo cambió por última vez sus credenciales más antiguas.
España presenta el porcentaje más reducido en esta categoría, con un 8%, frente a cifras próximas al 11% en buena parte de los países analizados.
Los jóvenes cambian menos sus contraseñas que los mayores
Uno de los resultados más llamativos afecta a la generación Z, donde los participantes de entre 18 y 24 años son quienes menos probabilidades tienen de haber actualizado su contraseña más antigua durante el último año.
También presentan la mayor tendencia a reconocer que nunca la han cambiado.
Por el contrario, la frecuencia de actualización aumenta progresivamente con la edad y alcanza su máximo entre los usuarios de 55 a 64 años.
Esto no significa necesariamente que los mayores utilicen contraseñas más seguras.
Dicho estudio señala que muchos siguen dependiendo de la memoria o de anotaciones en papel para conservar sus credenciales.
Cuándo es necesario cambiar una contraseña
Mantener una contraseña durante varios años no significa automáticamente que sea insegura.
Su resistencia depende de factores como la longitud, la complejidad, la exclusividad y la posibilidad de que haya quedado expuesta en una filtración.
Actualmente, las recomendaciones de seguridad no exigen modificar periódicamente todas las contraseñas sin motivo. Lo prioritario es sustituir inmediatamente aquellas que estén comprometidas.
También resulta fundamental evitar reutilizar una misma clave en diferentes servicios. Los gestores de contraseñas permiten generar y almacenar combinaciones únicas y, en determinados casos, detectar credenciales expuestas.
Y, cómo no, la famosa autenticación multifact

